LA PAZ SOBRE LA CONTIENDA
“No tengas pleito con nadie sin razón, Si no te han hecho agravio”. (Proverbios 3:30) Es asombroso cómo incluso el más breve contacto con ciertas personas
Aunque debemos respetar las opiniones de los demás, nunca deberíamos ser dominados por ellas. Si lo permites, la crítica robará tu individualidad, te privará de tu creatividad, y te detendrá de cumplir con tu destino. Es demasiado poder para dar a alguien… La gente insegura siempre te criticará, sobre todo si tus gustos difieren de los suyos. Es porque se siente incómoda con las cosas que no se moldean a su modo de pensar. Las personas seguras pueden asumir ser las únicas que hacen alguna cosa. Pueden permitir a otros la libertad de ser diferentes y de hacer sus propias elecciones. Es porque ellas mismas están seguras en lo que el SEÑOR les ha llamado a ser.
Escucha: “…se despojó a sí mismo…” (Filipenses 2:7).
Obviamente, JESÚS no se preocupó demasiado por lo que otros pensaron de Él. Tenía un objetivo: hacer la voluntad del PADRE, ni más, ni menos. Y Él sabía que para hacerla tenía que estar libre de las opiniones de los demás. ¡Igual que tú!
La tragedia más grande que podría pasarte sería envejecer y darte cuenta que en alguna parte a lo largo del camino te perdiste, y nunca conseguiste ser
la persona que DIOS te llamó a ser. Y ésa es una posibilidad patente si permites que las opiniones de otros gobiernen tu vida.
Amado REY, liberarnos hoy de las opiniones de los demás, que cada dia podamos vivir conforme al llamado que Tu has escogió para nosotros, así, de esa manera conseguiremos terminar la carrera con gozo, alegría y fe. En el nombre de JESÚS. Amén y Amén.
“No tengas pleito con nadie sin razón, Si no te han hecho agravio”. (Proverbios 3:30) Es asombroso cómo incluso el más breve contacto con ciertas personas
“Esdras se había entregado de corazón al estudio de la ley del Señor, y a cumplirla y enseñarla a los israelitas, con todas sus normas
“Cuando se juntaron contra mí los malignos, mis angustiadores y mis enemigos, Para comer mis carnes, ellos tropezaron y cayeron. Aunque un ejército acampe contra
“Pasando Jesús de allí, vio a un hombre llamado Mateo, que estaba sentado al banco de los tributos públicos, y le dijo: Sígueme. Y se