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CUANDO EL AMOR SE VIVE CON PROPÓSITO

“Siempre humildes y amables, pacientes, tolerantes unos con otros en amor. Esfuércense por mantener la unidad del Espíritu mediante el vínculo de la paz”. (Efesios 4:2–3)

Pablo escribió estas palabras a la comunidad cristiana de Éfeso, una iglesia joven que estaba aprendiendo a vivir como un solo cuerpo en CRISTO. Había tensiones entre judíos y gentiles, entre hombres y mujeres, entre personas de distintas culturas. Pablo no los exhorta a “ponerse de acuerdo por fuerza”, sino a permanecer unidos en el Espíritu.

Y si lo piensas, lo mismo ocurre en nuestras relaciones más cercanas: el matrimonio, el noviazgo, la familia. No hay amor verdadero sin humildad, amabilidad, paciencia unos con otros, sin tolerarnos las faltas por amor, sin esforzarnos por mantener la unidad.

Pablo no está dando consejos románticos; está describiendo cómo se ve el amor cuando CRISTO está presente en la relación y su Espíritu obra en nosotros esas virtudes.

Por eso, nos dice: “Esfuércense por mantener la unidad del Espíritu”. No se trata de fabricar unidad, sino de cuidar la que ya tenemos en CRISTO. El Espíritu nos capacita para amar más allá del orgullo, para perdonar incluso cuando duele, y para seguir unidos no por obligación, sino por gracia.

Así que este 14 de febrero, más que buscar el regalo perfecto, pide al SEÑOR que renueve tu corazón. Que te recuerde que el amor no es un evento, sino una vocación; no una emoción, sino un reflejo de Su amor eterno.

Cuando CRISTO está en el centro del “nosotros”, incluso los momentos difíciles se convierten en oportunidades para ver Su fidelidad. Porque cuando el amor se vive con propósito y CRISTO lo guía… tu vida tiene sentido.

Padre nuestro, gracias porque en Cristo nos mostraste el amor perfecto: paciente, compasivo y fiel. Danos humildad y gracia para amarnos con ese mismo amor, y ayúdanos a mantener la unidad del Espíritu en el vínculo de la paz. En el nombre de Jesús. Amén.

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