“Cuando el Señor les levantaba jueces, el Señor estaba con el juez y los libraba de mano de sus enemigos todos los días del juez; porque el Señor se compadecía por sus gemidos a causa de los que los oprimían y afligían”
(Jueces 2:18)
Cuando mis hijos estaban creciendo, recuerdo que a veces les advertía : “Bájate de allí que te vas a caer”. Y claro, inevitablemente caían. Pero, aunque era consecuencia de su propia desobediencia, como madre corría en su ayuda. ¿Te ha pasado algo así? Uno advierte, los hijos no escuchan, pero al final el amor es más fuerte.
Así mismo vemos a Israel en el libro de Jueces. Una y otra vez se apartaban del SEÑOR, sufrían bajo el dominio de sus enemigos, y cuando clamaban, DIOS en su misericordia levantaba un juez para rescatarlos. No porque lo merecieran, sino porque Su amor y fidelidad son más grandes que la rebeldía del pueblo.
Aquí vemos a CRISTO en Jueces. Todos esos jueces, Débora, Gedeón, Sansón, fueron reflejos pequeños del verdadero Libertador que vendría. CRISTO escucha tu clamor y viene a rescatarte del pecado, la culpa y la muerte. Y Su rescate no es temporal, sino eterno.
En tu vida también puede haber caídas, algunas por tus propias decisiones. Y, sin embargo, cuando clamas, el SEÑOR corre hacia ti. Él no te deja tirado en el suelo, sino que te levanta, te perdona y te da fuerzas nuevas. Y en Sus medios de gracia te asegura que no estás solo y que Su amor es más fuerte que tus errores.
En Jueces, cada rescate era temporal y el pueblo volvía a caer. Pero en CRISTO el ciclo se rompe. Él es el LIBERTADOR fiel, el que responde siempre a tu clamor y nunca te abandona. CRISTO es el LIBERTADOR que rescata cuando claman.
Amado PADRE, gracias porque en CRISTO tenemos al LIBERTADOR fiel, que escucha nuestro clamor y corre a rescatarnos con Su amor. En el nombre de JESÚS . Amén y Amén.
