LA PAZ SOBRE LA CONTIENDA
“No tengas pleito con nadie sin razón, Si no te han hecho agravio”. (Proverbios 3:30) Es asombroso cómo incluso el más breve contacto con ciertas personas
Visitando a una familia, una mañana un evangelista presenció este pequeño drama. Mientras Martín se preparaba para ir a la escuela, rasgó su pantalón. Era el único pantalón presentable que tenía…No podía salir así. Mientras esperaba que su madre le arreglase el pantalón, Martín se atormentaba pensando que llegaría tarde a la escuela. Entonces se dirigió al evangelista y le rogó diciendo: Podría orar para que no llegue tarde?
La clase empezaba a las ocho, y ya casi eran las ocho. Orar en ese momento para no llegar tarde, no era pedir lo imposible?
Sin embargo, el evangelista sencillamente presentó a DIOS la petición de Martín. Cuando al fin el niño estuvo listo, ya eran las ocho y cuarto, y llegar a la escuela todavía le tomaría algunos minutos…
Al mediodía Martín estaba radiante: Esa mañana la maestra había olvidado las llaves, así que la clase había empezado a las ocho y media.
Qué bella respuesta a esta simple oración, para un caso sin solución desde el punto de vista humano. Nos hubiésemos atrevido a orar de forma tan sencilla?
Es claro que debemos orar con una conciencia libre y un corazón recto. Pero el DIOS que en otro tiempo hizo retroceder la sombra diez grados como respuesta a la oración del rey Ezequías (2 Reyes 20:5-11), tiene todos los recursos en sus manos. Y se complace respondiendo a la fe.
Amado SEÑOR, gracias Papito querido porque aun que parezca una pequeñez para nosotros Tu siempre nos escuchas. Siempre estas atento a nuestras oraciones y nuestras suplicas. En el nombre de de JESÚS. Amén y Amén.
“No tengas pleito con nadie sin razón, Si no te han hecho agravio”. (Proverbios 3:30) Es asombroso cómo incluso el más breve contacto con ciertas personas
“Esdras se había entregado de corazón al estudio de la ley del Señor, y a cumplirla y enseñarla a los israelitas, con todas sus normas
“Cuando se juntaron contra mí los malignos, mis angustiadores y mis enemigos, Para comer mis carnes, ellos tropezaron y cayeron. Aunque un ejército acampe contra
“Pasando Jesús de allí, vio a un hombre llamado Mateo, que estaba sentado al banco de los tributos públicos, y le dijo: Sígueme. Y se