“Pasando Jesús de allí, vio a un hombre llamado Mateo, que estaba sentado al banco de los tributos públicos, y le dijo: Sígueme. Y se levantó y le siguió”.
(Mateo 9:9)
El SEÑOR JESÚS subió al cielo cuarenta días después de su resurrección. Allí nos prepara un lugar en la casa de DIOS, su PADRE, a fin de estar con él para siempre. Mientras tanto, nos envía para que seamos sus testigos en el mundo.
Cada día el creyente puede encontrar en JESÚS la razón y el ánimo para mostrar su fe a los que le rodean: familia, amigos, compañeros de trabajo… Antes de conocer a JESÚS viviamos tratando de hacernos un lugar en la sociedad. Hoy deseamos vivir para CRISTO y seguirle lo más cerca posible.
Qué cambio radical cuando conocemos el amor de DIOS, y como consecuencia de eso, el amor por nuestro prójimo, pasa a ser nuestra regla de vida.
JESÚS quiere que le sigamos cada día; ahí también se pone a prueba nuestra fe. Él mismo es el “autor y consumador de la fe”.
Él quiere consolidar nuestra fe, hacer que crezca.
Experimentaremos que esas buenas obras se pueden cumplir a lo largo de nuestro camino y que están preparadas de antemano por DIOS mismo (Efesios 2:10).
Es necesario decir que seguir y servir a JESÚS significa exponerse, al igual que Él, a las burlas, a la incomprensión y al sufrimiento. Él lo advirtió. Pero escucha las últimas palabras que dirigió a sus discípulos antes de ser crucificado: “En el mundo tendréis aflicción; pero confiad, yo he vencido al mundo”. También nos dice: “Nadie os quitará vuestro gozo”.
Amado SEÑOR, gracias por tu infinito amor, por tus palabras de aliento cada dia. Somos mas que vencedora en ti. En el nombre de JESÚS. Amén y Amén.