“Porque todo el que se enaltece, será humillado; y el que se humilla, será enaltecido”
(Lucas 14:11)
A veces en la vida uno se cansa de estar tratando de probar que vale. ¿Te has sentido así? Que si soy suficiente, que si me reconocen, que si tengo el lugar que me gané. Pero cuando uno mira la Cruz, todo eso cambia. Porque ahí te das cuenta de que JESÚS lo dejó todo, se humilló hasta lo más bajo… y todo eso fue por ti.
Y es fuerte, porque uno también ve su orgullo, sus errores, las veces que quiere sobresalir a su manera. La Cruz te baja, sí, pero no para destruirte. Te baja para que veas que no necesitas subir por tu cuenta. JESÚS ya hizo el trabajo duro. Y lo que Él ganó, te lo regala.
Tú no ganaste el puesto de hijo de DIOS. Te lo regalaron. En CRISTO, ya tienes un lugar asegurado, sin tener que competir ni impresionar a nadie. Y eso no es por tus logros, sino porque Él te amó hasta la Cruz.
Así que, si hoy te sientes cansado de intentar encajar, de demostrar tu valor o de pelear por un lugar, respira tranquilo. En JESÚS ya tienes todo lo que necesitas. Él tomó tu lugar en la Cruz para darte un puesto en la mesa del PADRE. No hay mayor honra que esa, y no hay nadie que te la pueda quitar. Ahora puedes vivir con alegría, sabiendo que ese puesto no lo ganaste… ¡te lo regalaron por amor! Y lo mejor de todo es que este regalo no se guarda: se comparte.
Amado SEÑOR, gracias por recordarme que todo el que se enaltece, será humillado; y el que se humilla, será enaltecido. Ayúdame a recordar siempre lo que JESÚS hizo por mí y a compartirlo con otros. Amén y Amén.