PREPARÁNDONOS PARA LA ADVERSIDAD
“Cuando escuché esto, me senté a llorar y durante varios días me puse en duelo; y ayuné y oré al Dios de los cielos. (Nehemías
En lo que respecta a la madurez espiritual, no podemos dar por sentado que estamos creciendo. Es por eso que he recopilado un breve inventario de términos de referencia espiritual. Reviza la lista para tener una idea de cómo te está yendo. Pero recuerda que solo la Biblia puede indicarte la magnitud de tu crecimiento.
Sabemos que estamos creciendo espiritualmente cuando nos volvemos más conscientes de nuestra pecaminosidad y debilidad. Al estudiar la vida de los primeros cristianos, es obvio que éstos no “mejoran” con la edad ni con la madurez espiritual. Por el contrario, son cada vez más sensibles a su dependencia del SEÑOR. Por otra parte, el progreso es evidente cuando respondemos al pecado con arrepentimiento.No enfrentar el pecado es rebeldía contra DIOS. Los creyentes que crecen se alejan de lo malo y abrazan lo recto. Si vivimos con las consecuencias de la dependencia y el arrepentimiento, nuestro deseo de obedecer se intensifica, y la atracción al pecado disminuye.
El crecimiento se caracteriza por el aumento tanto de gozo como de lucha. La fe se desarrolla por medio de las dificultades, porque gozar de confianza en medio de sufrimiento nos ayudan a lograrlo. Por tanto, veremos madurez en nuestra relación con DIOS si juzgamos las pruebas y las tentaciones como oportunidades para crecer.
Pablo, David y Daniel demuestran que la adversidad puede ayudar a formar gigantes espirituales. Estos hombres reconocieron a DIOS como el guardián de sus vidas. Maduramos cuando discernimos que todo lo que nos sucede viene del SEÑOR, y por tanto, Él está obrando para nuestro bien.
(Romanos 8.28)
Amado SEÑOR, aparta de mi vida todos los límites a mi crecimiento espiritual y a la maduración de mi fe. Que pueda aprender de las pruebas, y en ellas fortalecer mi confianza en Ti, como el guardián de mi vida. En el nombre de JESÚS. Amén y Amén.
“Cuando escuché esto, me senté a llorar y durante varios días me puse en duelo; y ayuné y oré al Dios de los cielos. (Nehemías
“Mejor es lo poco con justicia que las muchas ganancias sin derecho” (Proverbios 16:8) Después de una semana de conferencias, el predicador invitado se
“Aunque de nada tengo mala conciencia, no por eso soy justificado; pero el que me juzga es el Señor”.(1 Corintios 4:4) “Dios es el que
La ley del Señor es perfecta, que convierte el alma; el testimonio del Señor es fiel, que hace sabio al sencillo”. (Salmos 19:7) Amado SEÑOR, gracias