LA PAZ SOBRE LA CONTIENDA
“No tengas pleito con nadie sin razón, Si no te han hecho agravio”. (Proverbios 3:30) Es asombroso cómo incluso el más breve contacto con ciertas personas
Has sentido alguna vez ganas de abandonar? De tirar la toalla? Algunos días resulta muy difícil hallar la determinación de perseverar. A pesar de nuestras fragilidades humanas, nuestro PADRE CELESTIAL está ahí para agarrarnos de la mano y levantarnos. A Él no le impresiona lo que hacemos en la vida, sino cómo enfrentamos cada día. Quiere que le miremos a Él y sepamos que está presente para cuidar de nosotros a pesar de los abrumadores pronósticos que la vida muestra.
Pablo podría haberse rendido. Sufrió un naufragio, fue golpeado, encarcelado y perseguido, y, sin embargo, siguió alabando al SEÑOR. Predicó las buenas nuevas de JESÚS y afrontó las consecuencias de sus actos. Pocos de nosotros se enfrentarán a la misma persecución, pero tenemos el mismo Espíritu que Pablo en nuestro interior. Él le confesó a Timoteo que no se arrepentía de nada, porque estaba seguro de Aquel a quien servía.
Estás tú, hoy, seguro de Aquel al que sirves? Cuando afrontas dificultades, acudes al CREADOR del universo y le pides ayuda? Deberías. Él está disponible. No tienes más que extender tu mano y agarrar la suya. Él estará allí.
Amado SEÑOR, gracias por demostrarme Tu amor cada día. Que no me olvide que Tu presencia es constante en mi vida y más aún en las pruebas, por ello no me hagas olvidar que en medio de ellas me esperarás con los brazos abiertos para sostenerme y levantarme. Hoy y siempre, escojo confiar en ti PADRE. En el nombre de JESÚS. Amén y Amén.
“No tengas pleito con nadie sin razón, Si no te han hecho agravio”. (Proverbios 3:30) Es asombroso cómo incluso el más breve contacto con ciertas personas
“Esdras se había entregado de corazón al estudio de la ley del Señor, y a cumplirla y enseñarla a los israelitas, con todas sus normas
“Cuando se juntaron contra mí los malignos, mis angustiadores y mis enemigos, Para comer mis carnes, ellos tropezaron y cayeron. Aunque un ejército acampe contra
“Pasando Jesús de allí, vio a un hombre llamado Mateo, que estaba sentado al banco de los tributos públicos, y le dijo: Sígueme. Y se