“Señor, ¿a quién iremos? Tú tienes palabras de vida eterna. Y nosotros hemos creído y conocemos que tú eres el Cristo, el Hijo del Dios viviente”.
(Juan 6:68-69)
Se trata de un año en el que nuestros deseos se hacen realidad, nuestras buenas resoluciones se llevan a cabo, nuestros sueños se cumplen y los compromisos se respetan? Es un año en el que nuestra familia ha sido preservada de la enfermedad, o en el que nuestro jefe nos sube el sueldo…?
El hecho es que muy a menudo los acontecimientos parecen oponerse a nuestros planes. Cómo, entonces, empezar el nuevo año con optimismo?
Los cristianos no escapamos a las dificultades de la vida, pero nuestra expectativa es muy diferente, pues está ligada a JESUCRISTO, un SALVADOR vivo. Sabemos que podemos contar con Él y con sus constantes cuidados, y esperamos el momento en que nuestro SALVADOR venga a buscarnos para estar junto a Él.
Nada ni nadie en el mundo puede satisfacer las necesidades de un alma humana, excepto una persona: JESUCRISTO. Él, quien fue despreciado, incomprendido debido al amor que manifestaba a su alrededor, azotado y abofeteado, condenado injustamente por los hombres, no abrió la boca, no se quejó por ningún sufrimiento, y no dudó en dar su vida para que nosotros escapásemos de la muerte eterna, para darnos una esperanza y plena confianza en el futuro.
El buen año es aquel que se comienza y se continúa con JESÚS.
A los que confíamos en JESÚS, Él nos promete:
“Yo estoy con vosotros todos los días, hasta el fin del mundo”
(Mateo 28:20)
Amado SEÑOR, gracias porque tu eres nuestro SALVADOR, nuestro amigo, nuestro consejero, nuestro confidente, nos vas a acompañar cada día, durante este año y en los siguientes. En el nombre de JESÚS. Amén y Amén.
