LA PAZ SOBRE LA CONTIENDA
“No tengas pleito con nadie sin razón, Si no te han hecho agravio”. (Proverbios 3:30) Es asombroso cómo incluso el más breve contacto con ciertas personas
JESÚS se dirigía a la casa de un jefe de la sinagoga cuya hija estaba enferma. Una gran multitud lo acompañaba. De repente JESÚS se detuvo e hizo una inesperada pregunta: Quién es el que me ha tocado?. Los discípulos, traduciendo la sorpresa general, respondieron: Maestro, la multitud te aprieta y oprime, y dices: Quién es el que me ha tocado?
Una mujer se acercó y le confesó que después de haber buscado en vano la sanación a través de los médicos, había tocado el borde de su manto. Inmediatamente había quedado curada de su enfermedad. JESÚS le dijo: “Hija, tu fe te ha salvado; ve en paz”.
Hoy los cristianos podemos ser comparados a esas personas que se agolparon alrededor de JESÚS. Y ÉL hace esta pregunta a cada uno:
“Quién es el que me ha tocado?”. Quién de nosotros lo ha “tocado” realmente? Alcanzados por la terrible enfermedad del pecado, no podemos ser curados por ningún médico. Pero JESÚS está ahí, a nuestro alcance. Él tiene el poder para curar nuestra alma, es decir, para perdonar nuestros pecados y darnos la vida eterna. Para ello es necesario “tocarlo”, es decir, tener un contacto personal con ÉL mediante la fe.
Si nos contentamos con formar parte de la multitud, pasamos al lado del único medio real para ser curados.
Amado PADRE, Gracias por que tenemos la confianza de acercarnos a tu trono Celestial. ESPÍRITU SANTO queremos escuchar tu dulce voz diciendonos: “Tu fe te ha salvado; ve en paz”. En el nombre de JESÚS. Amén y Amén.
“No tengas pleito con nadie sin razón, Si no te han hecho agravio”. (Proverbios 3:30) Es asombroso cómo incluso el más breve contacto con ciertas personas
“Esdras se había entregado de corazón al estudio de la ley del Señor, y a cumplirla y enseñarla a los israelitas, con todas sus normas
“Cuando se juntaron contra mí los malignos, mis angustiadores y mis enemigos, Para comer mis carnes, ellos tropezaron y cayeron. Aunque un ejército acampe contra
“Pasando Jesús de allí, vio a un hombre llamado Mateo, que estaba sentado al banco de los tributos públicos, y le dijo: Sígueme. Y se