LA PAZ SOBRE LA CONTIENDA
“No tengas pleito con nadie sin razón, Si no te han hecho agravio”. (Proverbios 3:30) Es asombroso cómo incluso el más breve contacto con ciertas personas
Las Escrituras nos dicen claramente que cosecharemos lo que sembramos. Literalmente, esto se aplica a la agricultura y la siembra de cultivos. La mayoría de las personas lo saben, también se aplica a dar dinero y ser generoso. Pero sabías que este principio también se aplica a la forma en que tratamos a los demás?
Nuestras actitudes y palabras son “semillas” que sembramos cada día que determinan qué tipo de fruto o cosecha tendremos en nuestras circunstancias y relaciones.
Al diablo le encanta mantenernos ocupados pensando egoístamente, tratando a los amigos leales como si no tuvieran importancia, sembrando palabras de conflicto en nuestras familias y teniendo pensamientos negativos sobre el jefe, el pastor, etc.
El diablo quiere que sembremos mala semilla en cada relación y circunstancia.
Muchas personas se comportan de esta manera y luego se preguntan por qué no caen bien a los demás y no son tratados de la forma en que quieren ser tratados. La respuesta es simple: ¡están cosechando lo que sembraron!
Déjame preguntarte, qué estas sembrando hoy? Con la gracia de DIOS, toma la decisión de sembrar amor, perdón, amabilidad y paciencia en cada relación y situación. Te darás cuenta que a medida que tratas otros como el SEÑOR quiere que lo hagas, cosecharás una vida llena de relaciones alentadoras, compasivas y con resultados satisfactorios.
Amado PADRE, ayúdame a sembrar amabilidad y amor en mis relaciones con todas las personas en mi vida. En el nombre de JESÚS. Amén y Amén.
“No tengas pleito con nadie sin razón, Si no te han hecho agravio”. (Proverbios 3:30) Es asombroso cómo incluso el más breve contacto con ciertas personas
“Esdras se había entregado de corazón al estudio de la ley del Señor, y a cumplirla y enseñarla a los israelitas, con todas sus normas
“Cuando se juntaron contra mí los malignos, mis angustiadores y mis enemigos, Para comer mis carnes, ellos tropezaron y cayeron. Aunque un ejército acampe contra
“Pasando Jesús de allí, vio a un hombre llamado Mateo, que estaba sentado al banco de los tributos públicos, y le dijo: Sígueme. Y se