LA PAZ SOBRE LA CONTIENDA
“No tengas pleito con nadie sin razón, Si no te han hecho agravio”. (Proverbios 3:30) Es asombroso cómo incluso el más breve contacto con ciertas personas
Te has sentido alguna vez como si no estuvieras a la altura de una tarea que DIOS puso delante de ti? En ocasiones, todos luchamos con esos sentimientos. Los problemas pueden generarse cuando usamos la incompetencia como un manto para protegernos de hacer el trabajo del SEÑOR. En ciertos casos, tratamos de convencernos de que una tarea es demasiado grande o de que DIOS espera demasiado. Cuando eso ocurre, podemos caer en la tentación de alejarnos de las grandes oportunidades que Dios nos da, y desaprovechar lo que podría ser una de sus maravillosas bendiciones para nosotros.
El sentimiento de incompetencia surge del temor, del miedo a fracasar y a no satisfacer las expectativas de las personas. No importa lo poco calificados que nos sintamos, el temor no es una excusa aceptable para evitar la responsabilidad. La verdad es que, aunque un cristiano no se sienta competente para cumplir algunas de las tareas maravillosas que DIOS le pide que haga, ¡el ESPÍRITU SANTO es más que competente! Como creyentes, no tenemos que tener cualificaciones o habilidades perfectas; solo tenemos que estar dispuestos.
Qué has rehusado u hacer para el SEÑOR? 2 Timoteo 1:7 nos dice que DIOS nos ha dado espíritu de poder, no de cobardía. Todo lo que debemos hacer es actuar con fe; la presencia y el poder del ESPÍRITU SANTO estarán allí para ayudarnos.
Amado SEÑOR, concédeme el valor para sobreponerme al miedo y la angustia que encuentro en las cosas que se escapan de mi control. Fortalece mi fe para confiar en que ellas están bajo Tu cuidado, de forma que pueda continuar en el camino de abundancia y vida, que tienes planeado para aquellos que Te buscan y Te siguen. En el nombre de JESÚS. Amén y Amén.
“No tengas pleito con nadie sin razón, Si no te han hecho agravio”. (Proverbios 3:30) Es asombroso cómo incluso el más breve contacto con ciertas personas
“Esdras se había entregado de corazón al estudio de la ley del Señor, y a cumplirla y enseñarla a los israelitas, con todas sus normas
“Cuando se juntaron contra mí los malignos, mis angustiadores y mis enemigos, Para comer mis carnes, ellos tropezaron y cayeron. Aunque un ejército acampe contra
“Pasando Jesús de allí, vio a un hombre llamado Mateo, que estaba sentado al banco de los tributos públicos, y le dijo: Sígueme. Y se