“EL AMOR QUE SE VUELVE CONCRETO”
“Jesús le respondió: Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, y con toda tu alma, y con toda tu mente… Amarás a tu prójimo como a ti mismo”.
(Mateo 22:37, 39b)
A veces hablamos del amor como si fuera solamente un sentimiento. Pero JESÚS lo pone en la vida real: amar a DIOS y amar al prójimo. El amor se prueba en cosas diarias: cuando escuchas a alguien que ya te ha contado lo mismo tres veces, cuando contestas con calma, aunque estás cansado, cuando ayudas en la casa sin que te lo pidan, cuando no devuelves una indirecta con otra indirecta, cuando haces espacio para alguien que está pasando un mal momento.
En Mateo 22, le preguntan a JESÚS cuál es el gran mandamiento. Él responde con amor total a DIOS y amor al prójimo. Levítico también dice: “amarás a tu prójimo como a ti mismo”. Y Pablo muestra en 1 Tesalonicenses 2 que ese amor se vive con ternura, cuidado, ánimo y paciencia.
El problema es que nosotros no amamos así. Amamos cuando nos conviene. Nos cansamos. Guardamos resentimiento. Ayudamos esperando aplausos.
Por eso necesitamos más que una orden. Necesitamos un SALVADOR.
JET amó al PADRE perfectamente y amó al prójimo hasta entregar Su vida. En la Cruz, cargó nuestra falta de amor. En la resurrección, nos dio vida nueva.
Cuando capacitados por DIOS amamos al prójimo en cosas concretas, escuchar, cuidar, defender, compartir, perdonar, vivimos como respuesta a la gracia recibida.
Así que la próxima vez que te toque escuchar la misma historia otra vez, contestar con calma, ayudar en la casa o hacer espacio para alguien que la está pasando mal, recuerda esto: JESÚS no te pide amar desde un corazón vacío. Él ya cargó en la Cruz nuestra falta de amor, resucitó para darnos vida nueva y ahora te sostiene para amar en lo concreto, paso a paso, con las personas reales que tienes cerca.
Amado PADRE, gracias porque JESÚS nos amó hasta la Cruz. Capacítanos para amar al prójimo con paciencia, ternura y verdad. En el nombre de JESÚS. Amén y Amén.